Un alto en el camino: balonmano


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Un alto en el camino: balonmano 

Porque no solo existe el fútbol, porque hoy toca hablar de balonmano

La final del mundial de balonmano fue una final de leyenda. España gana su segundo mundial, con 16 tantos de diferencia, la más abultada de la historia (35-19). Los daneses se desmoronaron y no aparecieron en ningún momento por el partido. Por lo menos en deporte, damos la talla, nos llevaos alegrías. Alguna satisfacción tenía que entrar en casa. Esta vez entró, arrasó, en un Palau repleto, brillante. Se suma así una estrella más para el dorso del balonmano español.

La final del mundial se disputó en Barcelona, en el Palau Sant Jordi. 27 de Enero, 2013, las 17:15. El conjunto de Rivera salió a morder, e hizo mella. Vapuleó, desde el minuto uno, sabían sus chicos a lo que jugaban, tenían el apoyo del público, se desplegaron con gran intensidad defensiva y gran acierto en el ataque. En el minuto tres, con 3-0, el técnico danés pidió tiempo muerto para dar una tregua, para dar un cambio de aire a sus jugadores y maniobrar ante el estrepitoso comienzo. Los daneses eran el símbolo de la impotencia (el preludio de una una catástrofe). Todo fue el balde, la pesadilla siguió, sus jugadores siguieron sin ver la luz, en la noche eterna, en un callejón sin salida, sin ideas, sin vida, sin nada. 
 
Los daneses estuvieron fallones, irreconocibles, sin personalidad ni garra, sin su estrella Hansen, uno de los mejores jugadores del mundo. No olvidemos que eran los actuales subcampeones del mundo y los campeones del europeo del 2012. Se fueron del partido (tal vez nervios, tal vez el rival y el ambiente, tal vez un día aciago). Se les arrugó la mano, se les encogió. De mal a peor. Todo impropio para un equipo con tal currículum y categoría. El despropósito iba cargado de pérdidas de balones absurdas, balones que se perdían, pases sin destino. Resoplidos en el aficionado danés. Regalos benditos aprovechados por España. Dinamarca era un equipo de espantapájaros, tenían una incapacidad defensiva total; ni orden ni concierto. Wilbek pasó muy pronto a la resignación, no había nada qué hacer, no era el día. Los mejores, en el equipo danés, fueron los porteros, Jakobsen y Green, tanto el titular como el suplente atajaron algunas ocasiones, y esto lo dice todo... Delante de los porteros, sus compañeros poco más supieron ofrecer. Veían como el marcador se abultaba más y más. Las daneses se precipitaban, los errores continuaban. Su máximo goleador fue Sondergaar con 4 tantos. 

La segunda parte fue una tortura para los daneses. Tuvieron que resignarse ante la dictadura del reloj, a ver como aumentaba la diferencia en el marcador. Una parte innecesaria y cruel para ellos. Una sangría. Dinamarca cayó los brazos tras la implacable primera parte (18-10). España celebró la victoria cuando faltaban 15 minutos de partido, para entonces el marcador mostraba una diferencia un tanto criminal para una final de mundial, para la ocasión (29-12). 

Se va Dinamarca del mundial con una plata muy agridulce, quedará para la historia, pero también la enorme diferencia de 16 tantos, que duele también, la máxima en la historia de los mundiales. Un partido, que fue para ellos un agujero negro. Pero la historia del balonmano danés no termina aquí. El entrenador Wilber, que tenía un gran historila, al acabar el partido, tartamudeó un “no sé qué ha pasado” para la televisión danesa. 

Dinamarca se queda por tercera vez en su historia sin el oro en un mundial, una pena también para un equipo que estaba consolidado, un nuevo chasco para sus aficionados, para un equipo de grandes jugadores, y que cargaban con el papel de favoritos, un papel que a veces se convierte en una losa. Lástima por ellos. Tienen, para el próximo europeo, la opción de remendar la actuación, ya que se disputará en su propio feudo.Volverán a dar guerra.

Mientras los daneses naufragaban en su propia niebla de juego en el desacierto, sin contraataque, con la defensa de feria... España estaba en sexta. Al final del primer tiempo, se podría decir que el partido estaba visto para sentencia. La dinámica de los treinta minutos siguientes no tuvo variación, España no pisó el freno en ningún momento, literalmente se los comieron con patatas. Sternik se agigantó en la segunda parte, pero todo estaba dicho de antemano. No fue relevante porque no quedaba danés que creyera ni siquiera en maquillar el marcador. Los lanzamientos de los daneses iban sin alma. Y de poco o nada sirve reducir el marcador en una final que ya está perdida. Cañellas con 7 tantos fue el máximo realizador del equipo español, seguido de Aguinagalde y Maqueda, con 5 tantos cada uno. Pero esta fue una victoria de equipo, de trabajo de defensa, de todos. Entre los que están, por supuesto, los tres jugadores que quedaron fuera de la convocatoria por lesión: José Javier Hombrados (que ha sido comentarista de lujo de TVE), Raúl Entrerríos, y Ugalde. España es un equipo unido. Final feliz, y feliz adiós para el mítico Alberto Entrerríos. Final de etapa para Valerio Rivera, también. Sea como sea, se logra el metal ansiado, el que todos quieren; el dorado, el mundial.

La segunda parte fue una fiesta para el equipo español, tanto en el campo como en el banquillo. Los hispanos disfrutaron como enanos. Los asientos del Palau se llenaron también de enanos, de disfrute, de privilegiados. No todos los días se es partícipe de una vistoria tan aplastante. Una de esas victorias que se saborea palmo a palmo. Dio tiempo a degustarlo con tranquilidad. Por una vez, no hubo nervios ni miedos. Todo era tan sencillo que parecía irreal. 

Que esta victoria sea un buen recuerdo, que quede ahí, que sirva en el futuro para apoyar y levantar al equipo cuando vengan las derrotas, cuando todo el mundo huye, cuando es más necesario animar al equipo. 

La final fue tan "sencilla", que la única preocupación era buscar un nuevo cántico para descorchar el cava. Y en eso estaba sumido el pabellón barcelonés, en cantar los goles de España, las paradas de Sternik, y en rellenar todo el hueco que quedaba libre entre uno y otro.

Ni la final soñada podía con la realidad; el guión y los hispanos (la denominación de origen para este mundial), se salieron del papel, se convirtieron en huracanes, se llevaron a los rivales lejos, muy lejos. Dejaron a Dinamarca en un K.O. como nunca antes se ha visto. El técnico Ulrik Wilbek, no tuvo ni tan siquiera la opción de tirar la toalla. Algo que habría hecho sin dudarlo. Wilbek dio a su equipo por desaparecido, según fuentes oficiales. Dinamarca fue un títere y España un lobo feroz.

Al final, oro, en un día redondo.

B S

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