Europa es un OPNI

Europa es un OPNI

Estados Unidos nunca ha tenido un monarca pero hay que reconocer que Donald Trump es un serio candidato. Como déspota que se precie, sus negociaciones son curiosas; parte primero de la amenaza, del exabrupto. Después, antes de que todo salte por los aires, recula. Revuelve el río de la negociación para que flote la confusión. Y Trump sabe que en ese contexto, en ese ruido, en el mar del disparate, siempre gana algo. Si le llevas la contraria corres el peligro de que te abran la trampilla de los perros rabiosos como lo haría el Señor Burns. Si hay que quedar, se queda, pero vente tú, Europa, a mi casa. Eso sí, antes del papeleo y la burocracia se va a jugar con su carrito de golf por los prados de Escocia que le pertenecen. Luego queda con Ursula von der Leyen para imponerle unos aranceles del quince por cierto. A toda Europa. Y Europa acepta, acepta el trato, el bochorno, firma, le da la mano, no tiene respuesta. Se arrodilla, claudica, otorga. 

Europa no sube los aranceles como el embarullado norteamericano. ¿Por qué? Supuestamente para no subir la tensión; ir a la par con los aranceles significa que se instale una guerra comercial sin precedentes entre Bruselas y Washington, que todos salgamos perdiendo. Un argumento que pone de relieve la cobardía de la política europea con unos políticos deslavazados, con unos burócratas que son meros títeres de sus partidos, que no buscan grandes acuerdos, ni soluciones; buscan sobrevivir. La miseria se consuma cuando no hay ninguna mención al genocidio perpetrado por Netanyahu en Gaza. Y así, con esta facilidad, con la dialéctica de la testosterona, gana un ególatra lunático perdido en sus lunas de grandeza una negociación mientras Europa se resigna a ser un OPNI; un Objeto Político No Identificado.

Estoy completamente de acuerdo con Pérez-Reverte con lo que comentó en su entrevista reciente en La Nación y que es tónica habitual en sus artículos. El escritor afirmaba, con su rotundidad habitual, que Europa fue durante siglos la referencia, el "aliado de los derechos humanos", en palabras textuales. Un faro cultural, con un peso moral y político. También fue, por momentos, un continente que se echó a perder entre dictadores y guerras civiles, que abusó de los más débiles en sus invasiones por América, África y Asia. Pero, pese a los despropósitos, todo el mundo la tenía en cuenta. 

Ahora, toda esa hegemonía se está oxidando, se está perdiendo. Ahora, políticamente, y moralmente, el Viejo Continente es un paria irrelevante. Y esta debilidad, que es la debilidad de occidente en general, es tan visible, tan palpable, que el epítome paradigmático de todo esto es Gaza y las relaciones bilaterales de la UE con Israel. Unas relaciones que siguen intactas. Sin olvidar tampoco que un tipo con tanta deshonra e ignorancia sobre los hombros como Trump, que vive de los bandazos estrambóticos, ha llegado, por segunda vez, a ser presidente en unas elecciones democráticas. Un antisistema neoliberal que usa el chantaje como método político. O el hecho, no menos baladí, de que un villano como Putin campe a sus anchas, saltándose, como Israel, el derecho internacional. Alguien que, ante la invasión de un país a las puertas de Europa, de Ucrania, ve cómo nadie es capaz de pararle los pies. Y a Putin le da igual condenar a su país a la miseria y a la marginación durante la próxima década con tal de ganar un palmo de tierra.

BS

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