Entre la espada y el escombro: Palestina
Entre la espada y el escombro: Palestina
Ayer, Trump y Netanyahu, se reunieron para planificar veintiún puntos con los que darle luz verde a un alto el fuego y parar los bombardeos sobre la arrinconada Gaza. Entre esos puntos se contempla principalmente la rendición total de Hamás, la entrega de todos los rehenes, la renuncia a existir como partido político, como grupo terrorista, la disolución completa, la entrega de las armas y se facilitará el exilio de las personas implicadas en la organización. Tras el éxito de los primeros pasos programados del ultimátum, Gaza pasaría a depender de una delegación internacional, liderada por Blair, que gestionaría la reconstrucción de la franja, con palestinos interviniendo mínimamente en dicho proceso. EEUU le está pidiendo a Hamás, en definitiva, que desaparezca del mapa, y a Palestina, que espere, una vez más, su turno.
El punto diecinueve habla incluso de la posibilidad de empezar a cimentar un Estado palestino. Sin embargo, una hora después de que este documento se hiciera público, Netanyahu afirmó hipócrita y categóricamente que no habrá nunca un Estado palestino. Ese alarde de desmedida sinceridad del sionista israelí refleja que todo ha sido, o puede ser, una nueva pantomima. Un amasijo de paparruchas. Rebobinando la historia, no sería la primera vez que en una negociación Netanyahu ignora los acuerdos firmados con los palestinos. Falta saber por tanto, si este encuentro entre los mandatarios ha sido un mero decorado político publicitario para darle una fotografía ansiada al mundo o un nuevo alarde de doblez político.
Hamás no tiene nada que ganar y tiene todo por perder. Está aislada internacionalmente, sin la capacidad de llegar a ningún tipo de acuerdo o exigencia, fuera de toda negociación política. Sigue siendo la excusa interminable, el parapeto de Netanyahu para exterminar Gaza. Gran parte de la franja es una absoluta ruina, y los territorios que quedan en pie podrían ser devastados en un par de años si no aceptan las condiciones. Y Palestina, junto con la Autoridad Palestina, que es el único ente político con cierta relevancia, únicamente pueden ofrecer la mano aunque le corten el brazo.
El panorama es tan desolador en Gaza, que incluso ante las miles de dudas y la escasez de certezas, esta propuesta quizás sea el último clavo ardiendo al que agarrarse. Palestina debe hacer un acto de fe ciego; creer en ese pacto, ofrecido por quienes los están masacrando, es una apuesta ingenua porque las certitudes de que EEUU e Israel van a darle una futura oportunidad a Palestina, sin plazos, viendo los malabares, palabras y actitudes de Netanyahu, y del propio Trump, es una quimera. Pero Palestina actualmente no tiene ninguna alternativa; aceptar los veintiún puntos o seguir con los bombardeos. Los palestinos malviven y sobreviven en mitad de un genocidio, y ante tal tragedia, es lógico que incluso los propios gazatíes, entre las hambrunas y las desesperaciones, manden a Hamás a las catacumbas. Solo entregando la cabeza de Hamás, los palestinos podrán tener una nueva e incierta oportunidad. Solo así podrán aferrarse a la incrédula esperanza, aunque la pierdan.
BS

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