La política mileurista
Hace siglos que la
política está vendida. Sí… uno se gira, y cuando menos te lo esperas aquellas palabras, que enaltecieron al graderío, "blablabú blablablá", y que se mezclaron con estrépito en aplausos y vítores, volaron tan alto que a la caída, simplemente, una cagada de animal cernícalo primitivo quedó.
No es creíble que un
presidente, diputado, alcalde o concejal (o sin ceja), o cualquier otro tipo de pájaro aprovechado, hable en nombre de cualquier
ciudadano cotidiano de clase media, que mantiene, como cualquiera, un tipo de vida lejos de lujos
(quizás ya cerca de la cuerda floja). No es para nada creíble que dicho sujeto muestre una sincera empatía con respecto a
los problemas que pueda acarrear en su día a día cualquiera de nosotros. No es fiable su postura
porque, entre otros motivos de endiosamientos, tiene (o tendrá) entre chanchullo y chanchullo, pasta a mansalva.
Los políticos tienen un inflado sueldo. Un sueldo que es a la
vez causa y motivo del problema. Porque son una multitud de incompetentes, que
se sienten atraídos por el oficio público político, simplemente, porque conscientes de la facilidad con la que, una
vez en el cargo, el lucro pasa a estar fácilmente de su lado, ya sea por la
cara A, la puerta B o lo que haga falta C (sin mencionar la vidorra, chófer, primas, sobrecitos y
demás). Y porque una vez en el escalón privilegiado, suele ocurrir
(como así sucede en el 100% de los casos), que llegado a tal estatus de vida
florida, ancha estirpe, sea difícil, que los parlanchines de la demagogia y la
incompetencia (los políticos) pierdan el rumbo original, socialista o liberal (o peretenero a media jornada) y desaparezca, por arte
de dinero, todo reducto ideológico que ataba el compromiso a la pizca de dignidad que le quedaba. Una vez ahí, la mafia pasará a mirar las ciudades desde la azotea del rascacielo, como el google earth (muy lejano de
los comunes problemas mortales).
Sería interesante poner una medida filtradora para que la política sea un lugar en donde al menos, exista una mínima parte de vocación dedicación. Porque es un asunto público, y por tanto, debería estar de acorde a los sueldos publicos. En este caso, por el bien de la política y de nuestras cabezas ¿por qué sería conveninte establecer
un sueldo máximo de 1.000 euros para cada uno, para cada polítco? Daría pie a una implicación real
en el mundo de los chupabotes.
Porque es intolerable
el pastel que se llevan entre unos y otros, de izquierdas y de derechas, que pasan al centro para meternos la goleada. La
cantidad de políticos que chupan, arrebañan, y vuelven a lamer,
viviendo la vida viéndola venir mientras se les recarga la cuenta bancaria cada
final de mes por arte de los demás (no hay magia señores, es nuestro dinero). El
chollo es insostenible.
Tenemos una mafia que no nos merecemos, que le pregunten a Berlusconi (personaje que tampoco dista tanto de los nuestros). Las cuentas al final dan resultados excesivos y se quejan los cospedales y zapateros después de que la caja no da para lo demás (que es lo mismo que decir que no da para los demás) y que el zapato no estará listo hasta dentro de unos muchos meses o incluso años. Lo sñe, soñar es gratis (sobrado queda, los parlanchines carecen de conciencia solidaria, ética y moral).
Tenemos una mafia que no nos merecemos, que le pregunten a Berlusconi (personaje que tampoco dista tanto de los nuestros). Las cuentas al final dan resultados excesivos y se quejan los cospedales y zapateros después de que la caja no da para lo demás (que es lo mismo que decir que no da para los demás) y que el zapato no estará listo hasta dentro de unos muchos meses o incluso años. Lo sñe, soñar es gratis (sobrado queda, los parlanchines carecen de conciencia solidaria, ética y moral).
Espero que más pronto
que tarde, alguna persona, con buena voluntad, acuda con algún proyecto
solvente, global, más atento al de abajo que al de arriba, y que se decida a
recortar el número de chupópteros públicos y a dejar en la rajatabla de los mil
euros el sueldo de ese individuo merodeador de escaño y discurso blablablablaytúmás
(para no ser irrespetuosos).
Eva Castúa

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