Un fatasma conocido recorre Europa
Las últimas elecciones en el Estado de Sajonia, en Alemania, demuestran que la extrema derecha está ganando el relato político en Europa. Un fantasma conocido, recorre Europa, el mundo; el fantasma del nacionalismo. Nunca un partido de la extrema derecha, desde Hitler, había conseguido unos resultados semejantes en Alemania.
Reducir esta victoria aplastante, de la AFD, con 39 de los 83 diputados, a que los alemanes están votando a un partido nazi, a que los alemanes no conocen la historia, es una lectura que no comparto, por simple, subjetiva e imparcial. En el Estado alemán de Sajonia, casi la mitad de los votantes (de prácticamente el 75% del censo de la población) eligió a la AFD. Hay que interrogarse los porqués, más allá de tratar a los votantes alemanes como patanes.
Una persona no se levanta un día y se convierte en un votante de la extrema derecha. Vota a la extrema derecha, a Milei, a Meloni, a Trump, cuando los partidos políticos tradicionales, o los partidos que están gobernando, no resuelven los problemas. Quizás, más allá de los resultados, cuesta ser consciente de que muchos problemas políticos y sociales actuales no tienen una fácil solución y que el paso de la ultra derecha a los parlamentos, en un Occidente en decadencia, era un paso en falso inevitable.
Y en ese terreno empantanado, los partidos de la extrema derecha han encontrado su sitio, acomodo; con soluciones que no están aseguradas, pero que condiciona el voto de una persona. Un nacionalismo populista que enfoca los problemas en la inmigración, en las políticas wokes de la izquierda y en la pérdida de la identidad, de la patria, de la familia tradicional. Y un votante no pierde nada por cambiar su voto, por creer en la ultra derecha, aunque luego las promesas de los políticos a los que han votado queden en el olvido.
Alemania carga, como España, con el problema de la inmigración, que se ha enquistado. Su economía, además, lleva años estancada. El auge de estos partidos políticos significa, entre otras cosas, más allá de abrazar el nacionalismo salvaje, el neocapitalismo, que los partidos tradicionales no están mejorando la vida de sus ciudadanos, de sus pueblos y sus ciudades. Y la izquierda, más allá de luchar por la clase trabajadora, de mantener un discurso integrador y multicultural, no está sabiendo afrontar los problemas con la inmigración, que es un asunto que le preocupa a una mayoría. Y ahí la extrema derecha se está moviendo como pez en el agua, porque tiene muy claro El Discurso; primero, los nuestros.
BS


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