El sur de Europa arde
El sur de Europa arde
El sur de Europa arde. Hemos soportado doscientos veintiocho incendios en España, con cuarenta aún activos. Turquía, Grecia, Italia, Portugal y Francia enfrentan situaciones parecidas. Si sumamos todos los kilómetros cuadrados arrasados por el fuego en Europa tendríamos un país al completo, de un tamaño considerable, quemado. Un desastre medioambiental y económico.
Cuando un país contabiliza más de doscientos incendios es tremendamente absurdo centrar el debate en cuestiones políticas exclusivamente. Porque la sinrazón de esta multitud de incendios que no cesa es, principalmente, una cuestión cívica, de educación. No se trata de una cuestión política o ideológica. Si no inculcamos el respeto por la naturaleza, si no legislamos contra los pirómanos (o posibles pirómanos), todos los señalamientos, a posteriori, sobran. El fuego de Cáceres, por ejemplo, empezó por cuestiones cinegéticas de un irresponsable, por una negligencia. Una semana después, cuando el incendio era incontrolable, la policía detuvo a una menor que quiso incendiar una parcela en la ciudad de Cáceres. Para colmo, mientras el fuego arrasaba el entorno de Jaraíz de la Vera, totalmente descontrolado, el alcalde del municipio ordenaba lanzar pirotecnia para cerrar las fiestas de su pueblo. Una postal que es el epítome del ridículo, de la insensibilidad. Una fotografía que retrata a estos sujetos catetos e incívicos.
Un país no puede apagar al momento cincuenta incendios aislados semanales por todo un país, muchos de ellos en lugares inaccesibles. Es cierto que tenemos que mejorar la prevención, la limpieza de los montes, preparar el terreno para que un futuro fuego no llegue a las casas, pueblos y ciudades. Pero ni con mil hidroaviones sofocaríamos los doscientos incendios simultáneos en plena ola de calor, en este apocalipsis rojo que lo tiñe todo de negro y humo, en estas trágicas semanas de agosto. Los principales irresponsables son los pirómanos, los desalmados; los que prende con un mechero un terreno de pastos, los que tiran colillas a las cunetas mientras conducen, los que prenden barbacoas en días festivos sin permiso y los que queman rastrojos en sus terrenos en olas de calor.
Europa invierte miles millones en reformar plazas de pueblos y ciudades para adaptarlas a las bajas emisiones. Miles de millones. Hay un consenso para mitigar la contaminación en el centro de las ciudades, para tener entornos más ecológicos y sostenibles, un aire limpio. Quizás va siendo hora de llegar a un acuerdo de Estados contra los incendios. Preparar a Europa, como continente, para frenar el fuego de manera unida, pautada, coordinada, con cientos de hidroaviones, con personal preparado que formen parte de los equipos de bomberos y policías, como la UME, para situaciones críticas, para cuando tengamos incendios y danas que arrasan flora y fauna, no pasen semanas, no falten medios. De lo contrario, convertiremos a los países en ceniceros y desiertos.
BS

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