Ser de izquierdas y ser un ciego a la izquierda
En las últimas semanas los casos de corrupción que han afectado a distintos dirigentes de la izquierda española han colapsado al Gobierno (y han descuajeringado una posible alternativa al PSOE con Sumar, Podemos y compañía). La decepción entre los votantes progresistas es palpable. Una decepción que se ha notado, y mucho, en las últimas elecciones autonómicas; en Extremadura y en Andalucía. También hay que poner una interrogación en fluorescente; ¿por qué todos los casos de corrupción tocan siempre al Gobierno?, ¿por qué llueve siempre en el mismo lado? Porque más allá de los casos judiciales, hay demasiadas coincidencias y el lawfare es evidente.
Aunque la corrupción no es exclusiva de una ideología y ha golpeado a formaciones de todo el espectro político, y todos los partidos tienen para dar y regalar, en cada nuevo escándalo aparece el PSOE como telón de fondo. Un partido que se desangra, que se derrumba; nadie puede confiar en unos ladrones que van siempre a la oficina. La superioridad moral que abanderaba la izquierda salta por los aires y provoca que los casos de Ábalos, Errejón y las filigranas de la mujer de Pedro Sánchez, y de su hermano, en los banquillos, sean aún mas difícil de digerir; que el proyecto socialista, y la confianza de los simpatizantes, se haga trizas. La izquierda no sabe si cortase las venas o dejárselas largas.
En medio de este mar de descrédito, Rufián parece ser por momentos el único sensato que está señalando, que está priorizando que la unidad de la izquierda (frente al auge de un nacionalismo que puede llevar al país a un experimento del que sabemos que entraría con mucha bronca y bravuconadas, con un programa electoral que es insostenible en la Unión Europea), es la única salida en estos convulsos momentos. Políticos neocapitalistas que tienen un espejo en Trump, en Milei, y en otros tantos personajes que han ganado popularidad a golpes de odio y xenofobia, están esperando su oportunidad mientras el PSOE se lo pone en bandeja.
Ser de izquierdas no es sinónimo de ser un ciego a la izquierda. Quienes se identifican con la igualdad, la defensa de los servicios públicos o la protección de los derechos de los trabajadores, se encuentran en una tesitura muy complicada a la hora de ir a votar, a la hora de defender un proyecto socialdemócrata. El hecho de que el Partido Socialista haya ocupado el Gobierno durante los últimos años provoca que el desgaste sea implacable. Un desgaste visible en los medios por tierra, mar y aire. Los adversarios guardan muchos ases en la manga, y el centroderecha, con la ultraderecha, va a utilizar estos episodios para cuestionar la credibilidad del Gobierno, porque es un Gobierno más pendiente de los juzgados que de las políticas. Y mientras las derechas ganan adeptos, unen filas, y se agrupan para gobernar, la izquierda se desintegra y mira al futuro completamente desnortada. Y lo que es más preocupante; completamente desmoralizada. Y con el ánimo por los suelos nunca se gana un partido.
BS


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