Apuntes sobre un Mundial (I)
La Roja se ha llevado el primer puesto del Grupo H sin lucirse demasiado en dos de sus tres partidos. En el primer partido con Cabo Verde, la Selección adormeció tanto el partido con pases de parabrisas y cloromorfo que cuando quiso meterle más marcha y mordiente fue incapaz, no supo hacerlo. Era un partido que todos dimos por ganado antes del pitido inicial. Aprendimos la lección y no hubo piedad en la segunda contienda contra una Arabia Saudí que pagó los platos rotos del inicio plano mundialista. Y en el último trance, en Guadalajara, con una Uruguay desfigurada que peleaba por la vida, nos encontramos con otro partido que dio en el centro del tostón, con una selección celeste sin ideas, con un exceso de patadas y de juego sucio por parte de los uruguayos que el árbitro no supo manejar ni parar. Un gol irrisorio de Baena, una broma de mal gusto, con el beneplácito de Muslera, que se come un error grosero e impropio, dejó el partido listo de papeles. A España le valía incluso el empate y el combinado sudamericano no trenzó una jugada de peligo real en noventa minutos.
Se rumoreaba antes del tercer partido que en la selección celeste había hondonadas de hostias verbales y que el equipo, o gran parte del equipo, no compartía los planes de partido de Bielsa, de salir al marcaje y al ataque, a jugar de tú a tú. Y una vez más, Valverde quedó señalado. Se está acostumbrando a pisar demasiado en charco, a salir en las fotos donde asoman los problemas. El gran peso pesado del vestuario charrúa fue uno de los primeros cambios que realizó Bielsa. El técnico argentino dejó airear de este modo la tensión entre ambos, si bien, Valverde fue un muñeco roto durante sesenta minutos. Ni líder, ni ejemplo. Sin olvidar el caso de Muslera, que fue cambiado tras el descanso, que quiso echarse por voluntad propia a un lado tras la cantada estrepitosa. Bielsa, en definitiva, dejó el regalo dentro del convento. Sigue en el escaparate futbolístico con mucho discurso y argumentos y pocos resultados. Una más de El Loco, que dirán sus haters. Que, más allá de lo que fuera o fue, está perdiendo el timón del fútbol actual y de los vestuarios.
La Selección se lleva el primer puesto sin arremangarse demasiado. Deberá trabajar y pulir ideas en los próximos encuentros, porque todos sabemos que los rivales van a encerrarse atrás, van a defender con once futbolistas y esperarán una oportunidad al contraataque e incluso firmar el empate y cruzar los dedos a la suerte de los penaltis. De La Fuente tiene plantel para revolucionar los partidos si se astascan pero los tres extremos que más desbordan del combinado (Lamine, Nico y Yéremy) no están en su dulce momento. Además, a partir de ahora, en cada partido de eliminatoria se sube el nivel y la presión notablemente. Todo apunta a que nuestro rival será Austria. Un mero trámite a priori. Por nuestra parte, aún no hemos visto al mejor Merino, al mejor Pedri, a una España dinámica, alegre, donde el talento de los jugadores florezca. Quedan cinco partidos para llegar a la meta. Todo por ver y decidir. Hace dos años levantamos la Eurocopa. El optimismo es lo último que se pierde.
BS


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